
La vida está formada por fichas de dominó, cada una debe ocupar su lugar y espacio y mantener un equilibrio para no desestabilizar el conjunto. Cuando una pieza cede por su propio peso o por una fuerza ejercida desde el exterior el desastre está garantizado. El contacto de la primera ficha al caer sobre la siguiente desencadena el, conocido por todos, efecto dominó. Cuando esto ocurre tenemos varias opciones. Levantar cada ficha y colocarla en el mismo lugar; dejar las fichas en el suelo; dejar esas fichas a un lado y construirlas nuevas o bien colocar las mismas, pero en diferente orden e incluso posición.
Son muchas las veces que uno mismo es el motor del derrumbe, pero pocas las que uno se mira a sí mismo como causante.
Es más, lo fácil es derribarlas, lo difícil volver a construir y más cambiando la formación.
A día de hoy, mis fichas están esparcidas por el suelo. Alguna quedó en pie defendiendo su posición, pero son las menos. Quizá tú formes parte de mi dominó, quizá tú aún estés en pie, quizá yo forme parte del tuyo...