jueves, 10 de marzo de 2011

PORQUE HACE 31 AÑOS NACISTE


Hoy es uno de esos días que quiero contener mis lágrimas al pensar en ti, de los que las palabras se atascan al intentar pronunciarlas o se atropellan unas con otras al intentar ordenarlas. Sabes qué es lo único que con claridad aparece en mi mente? Tu sonrisa. Sí, esa sonrisa que incluso en los días jodidos salía a pasear para convertir en un día mejor el de aquel que se tropezaba con ella, aunque fuera sólo un encontronazo casual. Esa sonrisa que resuena en mi cabeza para sobrellevar la tristeza que me causa tu pérdida. Sabes que he llorado y que a día de hoy aún siguen naciendo lágrimas de dolor. Espero que lo entiendas, tu ausencia deja un vacío inmenso que aflige. Y lucho, lucho por resistirme al abrazo que me da la pena, por esconderme de la tristeza... a veces lo consigo, otras caigo sumisa en el llanto. Pero siempre me repongo porque tu sonrisa me reconforta, porque las últimas palabras que te dije me ayudan, porque el precio que estoy pagando por haber compartido parte de mi vida contigo merece la pena, porque por mucho que duela mejor haberte tenido y perdido que no haberte tenido nunca. Y sé que no importa cuánto desee que vuelvas y sé que de nada sirve repetir que me cambio por ti, tú aquí yo ahí.
Que las lágrimas son la vía de escape para no reventar, que tu maravillosa y bondadosa mirada me recuerda lo que no debo hacer, que tu mano ausente me ayuda a caminar, que tú me acompañas en vida y en muerte: eternamente. Que si ves lo que ocurre sufres, que si pudieras cambiarías las cosas, que desearías haber hecho algunos cambios antes de que llegara el final del camino, sé que tenías planes e ilusiones, sé que aunque te creyeran ciego no lo estabas, pero era difícil. Sé que aunque sembraras semillas de bondad no siempre crecieron flores hermosas y que jamás tuviste ni la mitad de lo que mereciste.
Me consuela pensar que quizá algún día...

viernes, 11 de febrero de 2011


Si estás triste te regalaré mi sonrisa.
Si tu mejilla está húmeda por una lágrima, la secaré con un beso.
Si tu mirada está anclada al pasado te construiré un futuro que desees mirar.
Si tus noches son interminables te acunaré entre mis brazos.
Cuando una pesadilla te perturbe te enviaré mis sueños.
Cuando te falten las palabras escribiré un libro repleto para ti.
Cuando tus ojos estén cansados los míos guiarán tus pasos.
Cuando el dolor no te permita disfrutar intentaré mitigarlo.
Si necesitas un beso te daré cien y si reclamas una caricia te regalaré mis manos.
Necesites lo que necesites lucharé por dártelo y por saber qué quieres en cada momento, en cada lugar...

viernes, 28 de enero de 2011

Una vez más TÚ


Y en mis sueños encontré tu sonrisa. No supe si reír o llorar, no supe si decir o callar. Tan sólo me dejé llevar. Me acerqué, deseaba tocar tu rostro una vez más. Necesitaba susurrarte que te extraño y que los días sin ti son tristes. Quería que volvieras a mi lado.
Apoyé levemente mi mano sobre tu mejilla, pero la retiré asustada. Tu tez no tenía la calidez que yo recordaba, ni tu sonrisa me abrigaba de aquella manera. Me miraste con calma, sereno, cogiste mi mano y en ese instante, en ese momento sí... tu sonrisa volvió a ser la de siempre, mi corazón vibró de alegría y cuando me quise dar cuenta, antes de que pudiera decir una sola sílaba, desapareciste.
Me despertó una lágrima fría q resbalaba por mi rostro recordándome que sólo quedan los recuerdos, que lo que fue nunca volverá a ser. Y a esa lágrima le siguieron otras, una por cada momento que no volverá, una por cada instante a tu lado... y así llegó el alba, con la almohada húmeda por el llanto que no halla consuelo, con el corazón desgarrado por la ausencia, con la mirada perdida en el pasado...

martes, 18 de enero de 2011

¿Cambios?


Cambiamos de año, pero al corazón le duelen las mismas heridas y a la mente la trastornan los mismos pensamientos. Todo cambia y a la vez nada lo hace. Todo permanece igual, especialmente el dolor, tan indeleble e imperturbable como lo fue tiempo atrás. ¿El tiempo? No lo oculta, ni lo hace desaparecer, ni si quiera lo vuelve más llevadero. Tan sólo te ayuda a encontrar las herramientas, para no mostrarlo al mundo. Pero permanece latente, a la espera para resurgir con más fuerza cuanto antes. Para apoderarse de cada rincón de tu cuerpo y alma, de lo que eres y hasta de lo que no. Busca poseerte y reducirte a la nada, le dejarás? o resistirás?
Son tantos los intentos que ya ha llevado a cabo que la sensación de no poder soportar uno más hace mella en ti. Crees que no puedes más y lo peor es que sí puedes. Deseas sucumbir, sumirte en el letargo que te haga insensible, pero no lo consigues. Siempre sientes su punzada afilada, helada, hiriente y sangrante... nunca duele menos, unas veces duele más, otras diferente, pero no da tregua. No calma, perturba...

lunes, 3 de enero de 2011

Equivocarse



Cuando no sabemos enfrentarnos a lo que nos toca vivir es probable que actuemos erróneamente, que nos equivoquemos por miedo. A veces el dolor es tan intenso que crea un abismo insalvable entre uno mismo y el mundo. Las lágrimas inundan todo tu ser sin dar cabida a nada que no sea sufrimiento y pesar. Olvidas cómo es un día sin tristeza, te agarra tan fuerte ese sentimiento que sabes que NUNCA te va a soltar. Crees que el dolor pasará, que tu única compañera de vieja será la pena, puede que incluso te acompañen la nostalgia y la melancolía. Un día, otro día y el sufrimiento se hace más intenso, se apodera más de cada instante que vives. Si sonríes una mueca de dolor está al acecho para recordarte que los motivos para sonreír no son suficientes como para sentir alivio. Si intentas dar un paso al frente una piedra en el camino te recuerda que aunque tú tengas aliento para seguir recorriendo la senda no será fácil. Si intentas levantar la mirada para ver el dolor de los demás, el tuyo se multiplica hasta tal punto que te falta el aire y la vista se nubla. Pero llega un día, un día en el que juntas el valor suficiente para profundizar en TODO lo que sientes, en ese dolor desgarrador que te ahoga, que te traspasa como una espada y te hace sangrar; y al mismo tiempo piensas en lo que sentirán los demás, en la posibilidad de no estar haciendo bien las cosas. Al surgir la duda levantas la mirada con temor y observas lo que has evitado ver durante tanto tiempo. Ahora el dolor ha cambiado, su intensidad es similar, pero sus motivos se multiplican. Sólo hay algo que te salva, en esta ocasión, hay tiempo para ponerle remedio, para darle solución. Lo siento, siento haberme cegado por el miedo y el dolor. Siento no haber hecho mejor las cosas. Siento cada segundo que no estuve ahí para compartir la carga, el peso, la ausencia, la soledad, la pérdida, el llanto, las noches en vela, los días interminables, la lucha, la espera... Siento no haberlo afrontado de otro modo.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Luz y oscuridad


Abro los ojos y alzo la vista para ver de qué color está el cielo, para comprobar si aún hay claridad o si el día comienza a desaparecer para dar paso a la noche, con sus sombras, con su silencio. Me gusta la noche, la ausencia del bullicio, el cobijo de la oscuridad. Son escasas las miradas que se clavan en mí intentando escudriñar lo que pienso, lo que siento. No quiero que lean en mi mirada el dolor o la tristeza de lo vivido, de lo que se fue y no volverá.
No me escondo de nadie, no me oculto de ti, tan sólo quiero la calma aparente del que no sufre para no ver la lástima en el rostro ajeno. Tan sólo anhelo no ser transparente como el agua que brota de la montaña, busco el disfraz que oculte lo que no quiero mostrarle al mundo y así poder salir a plena luz del día. Así no temer que me hieras, que me golpees donde ya duele, porque cuanto más transparente, cuanto más muestras, más vulnerable.
No me ciega la luz del ocaso, tan sólo me recuerda que hay un nuevo día por delante para sufrir, para sentir, para vivir, para reír y llorar, para respirar y quedarse sin aliento, para compartir... y dejo que los rayos del sol acaricien mi piel, que la brisa helada del invierno la erice, que se clave tu mirada en la mía durante un instante, para luego evitarla. Evitar que tus ojos descubran cómo me siento, evitar que aprendan a leer en mi alma. Pero hay cosas inevitables y no importa si la luz es tenue o si es la oscuridad quien se cierne sobre mí, como tampoco importa si me cambio de disfraz o me desnudo porque no hay manera de ocultar lo que tanto duele, lo que te rasga por dentro duermas o estés despierto. Es inútil querer hundir lo que siempre sale a flote, borrar lo indeleble, conservar lo efímero... para qué negar lo evidente.

martes, 17 de agosto de 2010

LEVANTARSE


No importa cuántas veces hayas besado el suelo, al final da igual el motivo por el que caíste. Ni siquiera es relevante de dónde sacas las fuerzas para levantarte. Lo que cuenta es que SABES que caerás de nuevo y que cueste lo que cueste hincarás tu rodilla en el barro, mirarás al cielo y mientras te levantas con lágrimas en los ojos gritarás desgarrando el silencio que siempre habrá alguien que te volverá a hacer caer, pero nunca habrá nadie que te impida ponerte en pie.

Seguidores