
Hoy es uno de esos días que quiero contener mis lágrimas al pensar en ti, de los que las palabras se atascan al intentar pronunciarlas o se atropellan unas con otras al intentar ordenarlas. Sabes qué es lo único que con claridad aparece en mi mente? Tu sonrisa. Sí, esa sonrisa que incluso en los días jodidos salía a pasear para convertir en un día mejor el de aquel que se tropezaba con ella, aunque fuera sólo un encontronazo casual. Esa sonrisa que resuena en mi cabeza para sobrellevar la tristeza que me causa tu pérdida. Sabes que he llorado y que a día de hoy aún siguen naciendo lágrimas de dolor. Espero que lo entiendas, tu ausencia deja un vacío inmenso que aflige. Y lucho, lucho por resistirme al abrazo que me da la pena, por esconderme de la tristeza... a veces lo consigo, otras caigo sumisa en el llanto. Pero siempre me repongo porque tu sonrisa me reconforta, porque las últimas palabras que te dije me ayudan, porque el precio que estoy pagando por haber compartido parte de mi vida contigo merece la pena, porque por mucho que duela mejor haberte tenido y perdido que no haberte tenido nunca. Y sé que no importa cuánto desee que vuelvas y sé que de nada sirve repetir que me cambio por ti, tú aquí yo ahí.
Que las lágrimas son la vía de escape para no reventar, que tu maravillosa y bondadosa mirada me recuerda lo que no debo hacer, que tu mano ausente me ayuda a caminar, que tú me acompañas en vida y en muerte: eternamente. Que si ves lo que ocurre sufres, que si pudieras cambiarías las cosas, que desearías haber hecho algunos cambios antes de que llegara el final del camino, sé que tenías planes e ilusiones, sé que aunque te creyeran ciego no lo estabas, pero era difícil. Sé que aunque sembraras semillas de bondad no siempre crecieron flores hermosas y que jamás tuviste ni la mitad de lo que mereciste.
Me consuela pensar que quizá algún día...
Que las lágrimas son la vía de escape para no reventar, que tu maravillosa y bondadosa mirada me recuerda lo que no debo hacer, que tu mano ausente me ayuda a caminar, que tú me acompañas en vida y en muerte: eternamente. Que si ves lo que ocurre sufres, que si pudieras cambiarías las cosas, que desearías haber hecho algunos cambios antes de que llegara el final del camino, sé que tenías planes e ilusiones, sé que aunque te creyeran ciego no lo estabas, pero era difícil. Sé que aunque sembraras semillas de bondad no siempre crecieron flores hermosas y que jamás tuviste ni la mitad de lo que mereciste.
Me consuela pensar que quizá algún día...





