viernes, 28 de enero de 2011

Una vez más TÚ


Y en mis sueños encontré tu sonrisa. No supe si reír o llorar, no supe si decir o callar. Tan sólo me dejé llevar. Me acerqué, deseaba tocar tu rostro una vez más. Necesitaba susurrarte que te extraño y que los días sin ti son tristes. Quería que volvieras a mi lado.
Apoyé levemente mi mano sobre tu mejilla, pero la retiré asustada. Tu tez no tenía la calidez que yo recordaba, ni tu sonrisa me abrigaba de aquella manera. Me miraste con calma, sereno, cogiste mi mano y en ese instante, en ese momento sí... tu sonrisa volvió a ser la de siempre, mi corazón vibró de alegría y cuando me quise dar cuenta, antes de que pudiera decir una sola sílaba, desapareciste.
Me despertó una lágrima fría q resbalaba por mi rostro recordándome que sólo quedan los recuerdos, que lo que fue nunca volverá a ser. Y a esa lágrima le siguieron otras, una por cada momento que no volverá, una por cada instante a tu lado... y así llegó el alba, con la almohada húmeda por el llanto que no halla consuelo, con el corazón desgarrado por la ausencia, con la mirada perdida en el pasado...

martes, 18 de enero de 2011

¿Cambios?


Cambiamos de año, pero al corazón le duelen las mismas heridas y a la mente la trastornan los mismos pensamientos. Todo cambia y a la vez nada lo hace. Todo permanece igual, especialmente el dolor, tan indeleble e imperturbable como lo fue tiempo atrás. ¿El tiempo? No lo oculta, ni lo hace desaparecer, ni si quiera lo vuelve más llevadero. Tan sólo te ayuda a encontrar las herramientas, para no mostrarlo al mundo. Pero permanece latente, a la espera para resurgir con más fuerza cuanto antes. Para apoderarse de cada rincón de tu cuerpo y alma, de lo que eres y hasta de lo que no. Busca poseerte y reducirte a la nada, le dejarás? o resistirás?
Son tantos los intentos que ya ha llevado a cabo que la sensación de no poder soportar uno más hace mella en ti. Crees que no puedes más y lo peor es que sí puedes. Deseas sucumbir, sumirte en el letargo que te haga insensible, pero no lo consigues. Siempre sientes su punzada afilada, helada, hiriente y sangrante... nunca duele menos, unas veces duele más, otras diferente, pero no da tregua. No calma, perturba...

lunes, 3 de enero de 2011

Equivocarse



Cuando no sabemos enfrentarnos a lo que nos toca vivir es probable que actuemos erróneamente, que nos equivoquemos por miedo. A veces el dolor es tan intenso que crea un abismo insalvable entre uno mismo y el mundo. Las lágrimas inundan todo tu ser sin dar cabida a nada que no sea sufrimiento y pesar. Olvidas cómo es un día sin tristeza, te agarra tan fuerte ese sentimiento que sabes que NUNCA te va a soltar. Crees que el dolor pasará, que tu única compañera de vieja será la pena, puede que incluso te acompañen la nostalgia y la melancolía. Un día, otro día y el sufrimiento se hace más intenso, se apodera más de cada instante que vives. Si sonríes una mueca de dolor está al acecho para recordarte que los motivos para sonreír no son suficientes como para sentir alivio. Si intentas dar un paso al frente una piedra en el camino te recuerda que aunque tú tengas aliento para seguir recorriendo la senda no será fácil. Si intentas levantar la mirada para ver el dolor de los demás, el tuyo se multiplica hasta tal punto que te falta el aire y la vista se nubla. Pero llega un día, un día en el que juntas el valor suficiente para profundizar en TODO lo que sientes, en ese dolor desgarrador que te ahoga, que te traspasa como una espada y te hace sangrar; y al mismo tiempo piensas en lo que sentirán los demás, en la posibilidad de no estar haciendo bien las cosas. Al surgir la duda levantas la mirada con temor y observas lo que has evitado ver durante tanto tiempo. Ahora el dolor ha cambiado, su intensidad es similar, pero sus motivos se multiplican. Sólo hay algo que te salva, en esta ocasión, hay tiempo para ponerle remedio, para darle solución. Lo siento, siento haberme cegado por el miedo y el dolor. Siento no haber hecho mejor las cosas. Siento cada segundo que no estuve ahí para compartir la carga, el peso, la ausencia, la soledad, la pérdida, el llanto, las noches en vela, los días interminables, la lucha, la espera... Siento no haberlo afrontado de otro modo.

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