domingo, 18 de julio de 2010

FRÍA COMO EL HIELO



Y ya no siento nada: ni frío ni calor, ni amor ni odio. Tan sólo indiferencia porque no me puedo permitir volver a caer, volver a sentir para volver a sufrir. Tus manos recorren mi cuerpo y me estremezco, se eriza mi piel, aumenta el ritmo de los latidos de mi corazón; ambos: sístole y diástole aporrean la caja y a punto están de desmontarme. Me recompongo, pienso fríamente y no cruzo la línea limítrofe entre lo que puedo sentir y lo que no. Percibo el movimiento de tu cuerpo, el roce de tu piel, siento el placer que me proporcionas, pero no hay más, no puede haber más. Me dentengo ante cualquier indicio que me indica que puedo sucumbir ante cualquier sentimiento, por mínimo que sea. Corazón petrificado por el hielo que lo rodea y no quiero calidez capaz de convertir en agua lo que hoy está solidificado por el frío que proporciona el dolor.

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