
Cuando no sabemos enfrentarnos a lo que nos toca vivir es probable que actuemos erróneamente, que nos equivoquemos por miedo. A veces el dolor es tan intenso que crea un abismo insalvable entre uno mismo y el mundo. Las lágrimas inundan todo tu ser sin dar cabida a nada que no sea sufrimiento y pesar. Olvidas cómo es un día sin tristeza, te agarra tan fuerte ese sentimiento que sabes que NUNCA te va a soltar. Crees que el dolor pasará, que tu única compañera de vieja será la pena, puede que incluso te acompañen la nostalgia y la melancolía. Un día, otro día y el sufrimiento se hace más intenso, se apodera más de cada instante que vives. Si sonríes una mueca de dolor está al acecho para recordarte que los motivos para sonreír no son suficientes como para sentir alivio. Si intentas dar un paso al frente una piedra en el camino te recuerda que aunque tú tengas aliento para seguir recorriendo la senda no será fácil. Si intentas levantar la mirada para ver el dolor de los demás, el tuyo se multiplica hasta tal punto que te falta el aire y la vista se nubla. Pero llega un día, un día en el que juntas el valor suficiente para profundizar en TODO lo que sientes, en ese dolor desgarrador que te ahoga, que te traspasa como una espada y te hace sangrar; y al mismo tiempo piensas en lo que sentirán los demás, en la posibilidad de no estar haciendo bien las cosas. Al surgir la duda levantas la mirada con temor y observas lo que has evitado ver durante tanto tiempo. Ahora el dolor ha cambiado, su intensidad es similar, pero sus motivos se multiplican. Sólo hay algo que te salva, en esta ocasión, hay tiempo para ponerle remedio, para darle solución. Lo siento, siento haberme cegado por el miedo y el dolor. Siento no haber hecho mejor las cosas. Siento cada segundo que no estuve ahí para compartir la carga, el peso, la ausencia, la soledad, la pérdida, el llanto, las noches en vela, los días interminables, la lucha, la espera... Siento no haberlo afrontado de otro modo.
Cada uno en esta vida tiene que afrontar el dolor a su manera o adecuado a sus circunstancias.
ResponderEliminarA veces no queda más remedio que ser fuerte y luchar contra el miedo, cuando lo que deseamos es guardar la cabeza como las tortugas y no salir nunca más a la cruda realidad, pero sabes que si lo haces otros naufragarán y tienes que mantenerte a flote por los demás.
Sé que ya nada en esta vida será pleno jamás, porque siempre habrá un hueco que no se puede llenar, que no se puede olvidar, alguien que falta para compartir los momentos que de otro modo serían perfectos.
Es duro sonreír con miedo a que un atisvo de felicidad te rodee porque sabes que de nuevo el golpe vuelve a caer.
Es duro sufrir, pero más duro es ver sufrir a los demás, lo sé, y lo entiendo.
No sientas haber afrontado el golpe como lo has hecho, cada uno tiene que aprender a llevar la carga y eso debemos hacerlo solos.
A todos nos gustaría afrontar ciertos momentos de otra manera, incluso a mí, muchas veces pensamos "si hubiera hecho...si hubiera dicho..." pero no podemos forzar lo que no nos permite el alma, hasta que esta esté preparada.
Ahora ya está, yo sé cual es tu pena que era lo que me preocupaba e imaginaba, y te aseguro que lo entiendo.
A veces uno siente miedo de abrir la boca o de ser débil, cuando intenta ser fuerte frente a los demás porque se supone que eso es lo que se debe hacer y lo que los demás esperan, pero yo solo quiero que estés ahí, que podamos comportarnos como primas que somos y no como extrañas.
No necesito palabras de aliento, ni esas cosas tontas que la gente que no te conoce te dice cuando te ve.
Solo deseo que nos podamos ver y hablar de cosas tontas, reirnos juntas y si hace falta llorar, llorar sin miedo.
Dicen que de todo se aprende y tristemente yo he aprendido que puedo ser más fuerte de lo que jamás hubiera creído.
Espero haberme explicado con claridad.
Quédate con que te quiero mucho pase lo que pase, para siempre.
Hoy las lágrimas que brotan sin control son diferentes... TQM, GRACIAS!
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